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Incluir el auto conocimiento en las escuelas

Dentro de nosotros mismos guardamos un tesoro muy simple pero de una majestuosidad infinita.
Dentro de nosotros existe el motor que da origen al despliegue de la vida más esencial, de las potencialidades más bellas, del conocimiento más puro y de la sabiduría más valiosa, esa que se necesita a cada tramo de la vida.
Dentro de nosotros hay algo muy grande, nuestra capacidad de jugar un juego esencial.
Un juego vivo que nos revela, que nos muestra al mismo tiempo que nos permite encontrarnos con las infinitas posibilidades de acción, de recreación y de creación.
Este juego es el recurso más precioso para llegar a conocernos a nosotros mismos, este juego es el recurso más precioso para llegar a mostrarnos, este juego es el recurso sanador más maravilloso, este juego encierra un campo que nos lleva a conectar con la posibilidad más concreta y abierta de manifestarnos.
El juego esencial, un don innato y puro que todos poseemos, puede acompañar a los niños, jóvenes y adultos a activar un proceso que les permita conectarse, conocerse, expresarse, liberar su potencial interno más magnífico y aprender a manifestarlo.
Incluir dentro de las escuelas, espacios donde el auto-conocimiento sea el eje y donde esta capacidad esencial pueda permanecer fluyendo, vital y despierta permite darle cauce y espacio a un contenido interno esencial que de otro modo queda reprimido o luego puede ser expresado de manera disfuncional.

Jugar nos devuelve al cuerpo;
Jugar nos permite sentirnos;
Jugar nos posibilita encontrarnos con situaciones nuevas y buscar formas creativas e innovadoras formas de resolución;
Jugar nos ayuda reconocer actitudes;
Jugar nos ayuda a liberarnos y trascender nuestros bloqueos emocionales, mentales, físicos.
Jugar nos anima a expresarnos;
Jugar nos impulsa a salirnos de los lugares conocidos, estas cárceles internas que nos hacen caminar siempre los mismos caminos;
Jugar nos alienta a vivir;
El juego esencial y la enorme posibilidad expresiva que éste posibilita se convierte en este sentido en ese maravilloso recurso que permite al niño o joven, conocerse, desplegarse, verse como un proceso vital en constante transformación y saberse, sentirse y reconocerse como protagonista central de su propia vida. Este proceso a su vez saca a las personas de esquemas de comparación, competencia, discriminación, etc. puesto que cada uno se sabe y reconoce como único, valioso e irrepetible.
El juego nos ayuda a ir reconociendo ese poder interior que nos permite crear y recrearnos en cada tramo del camino.
Incluir, respetar y legitimar este espacio dentro del proceso educativo, proceso que persigue en su esencia la acción de dar a luz lo que tenemos dentro, es el acto de mayor amor y cuidado que el mundo “adulto” puede darle a las nuevas generaciones. Todo lo demás es transitorio, lo esencial es lo que nos sostiene y acompaña durante toda la vida.
Cuando nos desconectamos de esta capacidad, nos desconectamos también de nuestro poder interior y de nuestra esencia, y todo lo demás entonces tiene relativo o escaso sentido genuino.

Carina Tacconi