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Restablecer el Orden y el Poder perdido

Cuando un niño nace, trae consigo un sistema innato y natural que le servirá para iniciar el viaje exploratorio hacia el descubrimiento de sí mismo, el despliegue de sus habilidades y dones, la manifestación de su potencial interno y el ensamble de todo su Ser con el contexto que lo rodea. Un proceso muy complejo pero al mismo tiempo simple y natural si se lo respeta.

La base fundante de todo este gran engranaje divino es un don precioso que todos tenemos,  la capacidad de jugar.

Un jugar que guarda características particulares: es puro, se encuentra vacío de contenido externo, es  sencillo, simple y se despliega desde un centro interno que opera como motor y motivación de esa actividad lúdica.

Este tipo de juego es el que permite al niño conectar con un espacio interno en el que habita un potencial creador ilimitado, que tiene un contenido único y especial en cada persona.

Cuando no se carga de expectativa y contenido al niño, cuándo se lo acompaña a entrar en contacto con este espacio interior y cuando se sostiene el fluir de sus manifestaciones puras, el niño conecta con la fuente de seguridad más importante que tiene, su propio maestro interior, su propia guía interna.

Fluyendo en los dones de la intuición, percepción, imaginación, fantasía, actitud lúdica, espontánea, libre y creativa el niño va tomando decisiones en el proceso y con cada una de estas va usando y reconociendo su poder personal. Este proceso le da mucha seguridad y confianza en si mismo.

La educación esta diseñada exactamente en sentido contrario. Al niño se le muestra un modode estar, conocer y apropiarse del entorno, basado en la conquista de objetivos, contenidos, habilidades, conductas que determina el afuera, padres, abuelos, tíos, maestros, juguetes, diferentes disciplinas y sin saber se le arrebata la conexión con su centro. Desconectado de su centro, el poder queda ubicado fuera de si, así como también la  motivación y la guía.

El niño buscará hacer las cosas como establece el afuera, estructura que lo hace dependiente e inseguro si no logra satisfacer esta demanda, o auto exigente si lo consigue.

Esta estructura los hace dependientes  y  desconfiados de su modo personal de ser, estar, aprender, explorar, es decir atravesar la vida.

No se trata de hacer prevalecer un modo sobre otro, se trata de complementar, dado que cada uno posibilita algo totalmente diferente.

Lo más maravilloso de esta realidad es que si al niño, joven o adulto se le vuelve a ofrece un entorno en donde esta capacidad sea reconocida, si se generan las condiciones necesarias para que esta conexión se reestablezca, cada uno a su tiempo la irá recuperando y con esto, recuperando su condición de magníficos creadores.

Este es el sentido de mi tarea, el foco no está puesto en el producto creativo, en la conquista de habilidades o técnicas artísticas, toda la intención creadora está en que lo que es natural en el niño sea nuevamente reestablecido y dejar que lo que necesite ser desplegado, contado, expresado, manifestado simplemente encuentre el mejor canal  para ser. Este proceso, así desplegado, se convierte en el recurso de autosanación más natural, precioso y simple que la existencia nos ha regalado.